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De lo que te gusta, lo que te entretiene y de lo que se supone que hagas.

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En cuarentena se ha vuelto confusa la diferencia que creía tener clara entre lo que me gusta, lo que me entretiene y lo que tengo que hacer. Y digo esto, por que siempre me ha parecido que todo lo que hago en la vida se puede encasillar perfectamente en una o más de estas tres categorías, y  dependiendo de la proporción de tiempo que guardan entre sí y de la facilidad que pueden tener estas actividades para pertenecer  a dos o tres de estas categorías,  es que he basado mi propia definición  de bienestar. Desde el momento en que escuche y le encontré sentido a esa frase de "El que trabaja en lo que le apasiona en realidad no trabaja"  me he visto abrumado por encontrar aquel santo grial que básicamente me evite ser miserable la mayor parte de mi vida, no ser Sísifo con su piedra. Y es que a mi entender, el que sea el "trabajo" del afortunado de la frase, se puede considerar dentro de las tres categorías:  . 1-  Hace lo que tiene que h...

Las caras de Medellín

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Las no tan lejanas historias que escribieron el trágico pasado de Medellín y que le sirven hoy de cimiento a la actual ciudad, generan una curiosidad difícil de esconder en todo aquel que decide visitar la capital del departamento de Antioquia. Y naturalmente es así, pues pocas cosas resultan tan complicadas como lo es hablar de Medellin sin también hablar de violencia, de  drogas y del narcotráfico. Hoy no escribiré de comuna 13, del poblado, de Parque Arví ni de Guatapé, porque de aquello hay millones de reseñas y evidentemente no hay mucho más que mis palabras puedan aportar a las bellas postales y a los magníficos vídeos de internet. En Medellin, como en todos los lugares que he visitado y por supuesto en mi México también, los sitios turísticos más famosos usualmente esconden las verdaderas caras de su actualidad  tras bellas y maquilladas historias  acompañadas de excelentes escenografías dignas de cualquier foto de perfil. Afortunadamente (o no se si desafor...

De la suerte, la pobreza y el agua fría.

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Había pocas cosas que le disgustaran tanto como el agua fría por las mañanas, los años le habían enseñado que la piel de gallina en la regadera y los temblores del secado eran el claro presagio de un mal día. Salió a las seis de la mañana al frió aire invernal de la ciudad, de pelo mojado aún, apresurada por la hora y  consciente del mal día que le esperaba, apretó el paso mientras seguía empujando su carrito por la avenida. El tiempo apremia un poco más temprano para los pobres de la ciudad. De niña cuando aún la bañaban y sus lagrimas saladas se mezclaban con el agua helada  de la cubeta, su madre solía callarla diciendo que el agua caliente como la comida, se ganaba, no se pedía. Creció comiendo apenas lo necesario  y chocando los dientes después de un baño lo suficiente para darse cuenta que en su casa, aveces ni cuando se ganaba alcanzaba para ambas cosas. No pasó mucho tiempo para que el calor y la dulce sensación que este le causaba se volvieran una obsesió...

De la cuarentena sin celular y la peda.com de los sábados.

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Mi celular  se jodió. No había terminado la segunda semana de esta cuarentena cuando en medio de una peda digital decidió que sería buena idea apagarse y no volver a encender. En fin... Haciendo un poco de memoria, de los nueve celulares que he tenido en la vida, si dos los he cambiado por gusto, han sido muchos. Desde el pequeño LG plateado que solo servia para hablar hasta el ultimo Iphone usado que compre en algún lugar de El Cairo, todos ellos han pasado por una feria de infortunios que van desde caídas épicas hasta robos en la calle, en conciertos, en trenes y como chingados no, asaltos también. Ya ven, no se me da muy bien eso de cuidar las cosas... Pocas situaciones en la vida de un joven veinteañero  pueden alcanzar el nivel trágico que el quedarse sin celular alcanza, cada que alguno de mis celulares decidió subirse a alguna de la divertidas atracciones arriba descritas, no pasaban más de dos días para que ya sea por préstamo o  por desesperación,...

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Como el polvo que cubre lentamente la superficie de los muebles  con el descuido y el paso de los días, los nuevos recuerdos a través del tiempo lo han hecho con mi memoria. Ya no me es posible descifrar por completo que serie de eventos me llevaron a aquella sensación hoy vaga de depresión a finales de 2015, lo que sigue aún fresco, fue el cómo había de terminar... Para mi sorpresa, aquello  llegaría a su fin con una solicitud de empleo sobre una de las ocho mesas móviles que el SimplementeDeli de la plaza Dakota 95, ponía  diariamente a las 6:00 de la mañana y  recogía  a las 10 de la noche. Fue  de aquellos impulsos que uno tiene cuando no sabe que hacer, ni que pensar,  no era un medio para un fin, ni un fin  buscando un inicio,  aquello fue un acto de inercia inmóvil, una comprobación de la teoría de la relatividad en carne propia. Mi primer día en la cafetería fue un lunes. Debió haber sido a mediados de esa travesía cuando co...

No más noticias hoy!

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Es muy fácil perder el sentido del tiempo dentro de este encierro, las noches y los días no parecen durar lo mismo, ni guardar su habitual proporción reciproca. Pareciera que ahora puedo decidir con libertad que las noches no están destinadas para dormir  por ser obscuras ni los días para vivir  por no serlo. El pasar del tiempo se volvió obsoleto ante la imposibilidad de decidir sobre como y cuando esto ha de terminar... Un día antes decidí que no vería más noticias, me enfermaba  seguirlas viendo, necesitaba un día de descanso, solo uno. Por un día iba a aparentar que todo aquello no estaba pasando. Así lo hice. Aquel día solo había sentido la obligación , de en punto de las 7, como cada tarde desde que esto comenzó, salir de mi cuarto y sentarme con los demás a ver la conferencia, aquella conferencia que desde hacía días no paraba de diferenciarse de si, sólo por el aumento de esa cifra que cada día parecía volverse más amenazante.  Debo de aceptar que pocos ...

Del ánimo, Avant Gardener y la hueva.

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Ayer, mientras comíamos los cuatro en la mesa, mi hermana me preguntó por que todavía no había hecho ejercicio. Desde que la cuarentena comenzó, ella y  mi madre se levantaban cada día con las ganas de hacerlo, y así lo hacían. Aunque sabía que era una de esas cosas que podía y debía hacer durante el encierro,  en algún momento de la primer semana logre sacarlo de mi cabeza, y ahora cada vez que preguntaban, sin pensarlo contestaba... -mañana empiezo- Pero ayer mientras comenzaba con aquella milanesa de res que mi padre había freído, aún lleno del pastel que me había terminado en la mañana, aquella pregunta me llego, y me hizo cuestionarme sobre el momento en  que el hacer ejercicio dejo de importarme, al punto que simplemente con el paso de los días, deje de sentir ese malestar que te da el saber que no estas haciendo algo que se supone deberías hacer... -Me da hueva-  respondí. Seguí comiendo. Mi episodio favorito de Bojack Horseman es el último de l...